Los gatos y los niños
Tener un gato en la familia puede contribuir a que los niños adquieran el sentido de la responsabilidad, ya desde una temprana edad. Los niños que han crecido con a un animal de compañía se muestran más sociables cuando son adultos, tanto con los animales como con las personas. Además tendrán mayores aptitudes comunicativas y estarán menos predispuestos a sufrir alergias al pelo o a las plumas. Dicho esto, a veces los niños pueden estar “demasiado entusiasmados” con estrechar la relación con su animal de compañía, y un poco de educación -por ambos lados- puede resultar muy útil.
Los bebés
Cuando se trata de recién nacidos, la forma de reaccionar de cada gato depende de su herencia genética, de su personalidad y de sus experiencias anteriores.
Para evitar problemas, asegúrate de que las cosas de tu gato estén situadas en un lugar tranquilo, es decir: su cesta de dormir, el comedero y bebedero, sus juguetes, la bandeja sanitaria, etc.
Cuando el bebé empiece a andar, tu gato deseará comer, descansar y dormir a una altura en que no le pueda alcanzar, a poder ser en un lugar seguro, protegido por una barrera de seguridad. Estos “refugios” para tu gato pueden habilitarse con ropa de cama en forma de iglú y situarse encima de una mesa o una estantería resistente. Debemos situar la bandeja sanitaria del gato a una determinada altura, fuera del alcance del niño porque no es un recipiente de arena para jugar.
La llegada del bebé puede alterar el territorio olfativo de tu gato, lo que puede manifestarse en un cambio de humor del animal. Algunos gatos se enfadan, otros se muestran inquietos y otros quieren integrar esos nuevos olores marcando su territorio frotando las glándulas faciales o incluso orinando sobre los nuevos objetos como el cochecito del bebé, la cuna o la trona. Existen productos formulados con feromonas para rociar sobre los nuevos objetos y calmar así a tu gato, preparándole para la llegada del bebé. Solícita la información a tu veterinario.
Existen dos tácticas que ayudan a que el gato asocie la llegada del bebé con algo positivo, una es darle golosinas y la otra es llamar su atención. Por el contrario, no debemos acariciar o hacer mimos al gato cuando se muestre inquieto por la presencia del bebé, porque haciéndolo reforzaríamos su ansiedad. En vez de acariciarlo, espera a que se calme o juega con él, después lo acaricias en otra habitación.
En la vida de un gato la previsibilidad es fundamental y es importante mantener su rutina establecida. Por lo tanto, si tienes que hacer algunos cambios, intenta hacerlos lo antes posible, pero si crees que te será difícil afrontar las dos responsabilidades al mismo tiempo, el bebé y el gato, es mejor que busques un nuevo hogar para tu gato antes de que llegue el bebé.
Los niños
A la mayoría de los gatos les gusta estar rodeados de niños, porque eso significa recibir más visitas en casa y por lo tanto que él también recibirá más atenciones. Pero en cuanto el niño empieza a andar y a moverse por sí mismo, muchos gatos empiezan a desencantarse con la novedad. Un niño moviéndose por la casa o gritando, puede sorprender y asustar al gato. Ante esta situación, lo más importante es que tu gato disponga de refugios. A los gatos no les gusta que los sigas y la persecución constante de un niño los altera mucho.
Los padres deben vigilar siempre las interacciones entre el niño y el animal hasta que estén seguros de que el niño ya es mayor y maduro para acercarse al gato despacio, tocarlo con suavidad y reconocer el estado de ánimo del animal para saber si quiere o no que le toquen. No debemos permitir que los niños lleven al gato en brazos hasta que no sean lo suficientemente fuertes como para sostenerlo correctamente.
Algunos consejos
- Enseña a tu niño que no debe perseguir al gato.
- Muéstrale cómo tiene que acariciarlo suavemente. Los niños, a menudo, acarician con rudeza y a los gatos no les gusta.
- Enseña a tu hijo dónde se debe acariciar al gato: la parte superior de la cabeza y a lo largo del lomo. Aunque es casi irresistible no acariciar el abdomen de tu gatito cuando se gira y juega, a menudo es una zona muy sensible y provocar reacciones violentas. Evidentemente jamás se debe tirarle de la cola.
- Hay que dejar tranquilo al gatito cuando está comiendo, cuando duerme o cuando se está aseando.
- Los niños deben lavarse las manos tras acariciar al gato.
- Ayuda a que tu hijo juegue con el gato sin el riesgo de sufrir arañazos, utilizando juguetes atados a un hilo, pelotas o con una linterna para que el gato intente cazar el punto de luz en la pared.
- El gato agradecerá que el niño esté sentado a su lado tranquilamente mientras lo acaricia o cepilla, esta es una buena manera de que los niños aprendan a conocer a los gatos.
- Recompensa a ambos, niño y gato, tras compartir una experiencia agradable.