¿Los gatos tienen emociones?
¿Los gatos tienen emociones? Claro que sí, y cada propietario de un gato acaba por conocer el humor de su compañero gracias al lenguaje corporal, a sus expresiones faciales, a través de los sonidos que emiten y por la forma particular en cómo se desplaza. Conocemos, de forma instintiva, si nuestros gatos están excitados, contentos, tristes, frustrados o nerviosos.
Sin embargo, esta cuestión es objeto desde hace tiempo de debates entre los expertos en comportamiento sobre la manera de cuantificar o medir estas emociones. Aunque es evidente que tu gato posee una rica vida emocional, los científicos no pueden medir de forma precisa el grado de felicidad o de miedo que sienten nuestros gatos y una gran parte de ellos prefieren ignorar estas emociones y el papel que juegan en el aprendizaje del gato sobre cómo debe comportarse o expresarse.
¿Qué son las emociones?
Las emociones son lo que hace que los gatos sientan el impulso de actuar en respuesta ante un acontecimiento o situación, además de definir cómo se sienten una vez han reaccionado. Por ejemplo, la emoción negativa o adversa del miedo puede llevar a los gatos a defenderse, mientras que los sentimientos positivos de contacto o de acariciarlos pueden ayudarlos a mantener relaciones con los demás miembros en el seno de un grupo. Las emociones pueden dividirse en sentimientos positivos o negativos, teniendo escalas ascendientes o descendientes. Po ejemplo, el placer aumenta cuando un animal se siente satisfecho, hasta llegar a sentirse exultante o en éxtasis, mientras que la frustración puede aumentar la rabia o la cólera así como la aprensión conduciéndolo al miedo o al terror. Cuando aparecen estos problemas, los animales que sufren problemas de comportamiento se colocan en los extremos de una escala emocional.
Un estudio reciente ha demostrado que todos los mamíferos, los gatos incluidos, poseen siete sistemas fundamentales básicos, de donde toman su capacidad de reacción según la información que los sentidos transmiten al cerebro. Estas “siete maravillas” incluyen un sistema “búsqueda” para encontrar comida, un sistema “miedo” para responder a los acontecimientos inusuales que les pueden resultar peligrosos, un sistema “juego” y un sistema “cuidados” para educar a sus pequeños y establecer relaciones sociales vitales.
Las zonas del cerebro humano que han tenido una evolución más reciente, pueden transformar este potencial emocional en emociones más elevadas como son el amor, la vergüenza, el desprecio, la inquietud, etc. Aunque no atribuimos a los gatos esos “sentimientos superiores”, no quiere decir que ellos no tengan emociones más simples como el bienestar, la tristeza, la cólera o el miedo, de la misma forma que los humanos.
Los expertos modernos en comportamiento animal se han dado cuenta de que las emociones son esenciales en la forma cómo los animales aprenden (aunque sea difícil medir esos sentimientos) y utilizan la evaluación emocional como base para el tratamiento de las perturbaciones en el comportamiento de los animales de compañía. Este conocimiento se ha puesto en práctica por vez primera, por expertos e comportamiento como Peter Neville, consultor de Purina en el COAPE (Center for Applied Pet Ethology: Centro de Etología Aplicada a los Animales de Compañía), y se utiliza con éxito por los terapeutas del comportamiento animal del mundo entero.
Problemas emocionales
El hecho de reconocer que los gatos tienen emociones permite realizar progresos en otros campos, como el tratamiento de alteraciones en el comportamiento como la agresión, limpiarse de forma excesiva y el nerviosismo. Una evaluación se desarrolla generalmente en tres etapas:
- Evaluación emocional del gato en el momento en que el problema se constata.
- Evaluación del humor para determinar cómo se siente el gato y cómo se comporta en general.
- Evaluación del refuerzo para conocer qué factores exactamente, internos o externos, mantienen el problema de comportamiento a pesar de las numerosas tentativas de eliminarlo.
Teniendo en cuenta las emociones de los gatos, más que observar simplemente su comportamiento, los especialistas en comportamiento animal aprender a resolver ahora estos problemas con mayor eficacia.