El período de socialización es el mejor momento para educar a las mascotas
Durante dicha etapa perros y gatos toman conciencia de su entorno y aprenden a relacionarse con lo que les rodea.
La educación de nuestras mascotas es un aspecto muy importante ya que será clave a la hora de convivir con ellas diariamente, por ello se deben marcar unas pautas que establezcan la relación con los miembros de la familia y con el entorno, así como unos horarios y modelos de comportamiento.
Los veterinarios de Purina recomiendan que “la mejor edad para educar a perros y gatos es el “período de socialización” ya que se trata de una fase en la que el animal toma conciencia de su entorno y aprende a relacionarse con lo que le rodea”. Debido a este motivo, determinados aspectos de la conducta que el animal tenga a lo largo de su vida se verán influenciados por lo que vivió durante esta etapa.
El “período de socialización” es distinto en perros y gatos, y mientras en los primeros va de las 3 a las 12 semanas de edad, en los felinos se da entre las 2 y las 7 semanas. En caso que hayamos adquirido nuestra mascota en edad adulta, la clave “se basa en la constancia y la coherencia, el refuerzo de las acciones positivas y el contra condicionamiento de las negativas”.
Cuestión clave: determinar quién debe ser el instructor, pero sobre todo es muy importante que todos los miembros de la familia participen en la educación básica del perro o gato siguiendo siempre unos criterios comunes. Es decir, debe haber una persona de la familia encargada de supervisar la educación del animal y responsabilizarse de tareas específicas, aunque de nada sirve que, por ejemplo, una persona riña al animal cuando se suba al sofá y que otra se lo permita, por ello se deben establecer unas pautas de comportamiento.
El entorno: lo ideal para llevar a cabo el aprendizaje es que el animal conozca durante el período de socialización todos los escenarios con los que va a encontrarse a lo largo de su vida, así, si un perro o gato va a tener que viajar en automóvil frecuentemente lo mejor es ponerlo en práctica durante dicho período o habituarle al tráfico de las calles si va a tener que salir a pasear diariamente”.
La enseñanza: lo primero es enseñar al animal a reconocer su nombre, seguidamente las normas de higiene del hogar (dónde está la bandeja de arena o bien los papeles de periódico) y las rutinas diarias (horarios de comida, paseo, juego, etc.) así como que se acostumbre a ser manipulado para cepillarlo, mirarle los ojos, oídos, etc. A partir de aquí se le podrán enseñar indicaciones “accesorias” como las instrucciones de obediencia: dar la patita, traer la pelota, usar la puerta gatera, entre otros.
A tener en cuenta:
- No cansarles, realizar sesiones breves aunque de forma frecuente, así podría ser indicado realizar dos o tres entrenamientos diarios aunque cada una no debería superar los 30 minutos.
- Diferencias entre la especie de mascota, como puede ser la naturaleza social de los perros o bien la más solitaria de los gatos, y el carácter de cada raza. 
Premio y castigo deben realizarse justo en el momento en que se produce la acción. Para reforzar el aprendizaje, es mejor premiar las acciones positivas que castigar las negativa. Una caricia o una alabanza verbal pueden ser un premio, aunque en ocasiones podemos utilizar una galleta o golosina como premio, mientras que un “no” pronunciado clara y fuertemente o una palmada de manos pueden ser suficientes para que el animal entienda que aquello no está bien y deje de hacerlo.
Finalmente, si vemos que aún siguiendo todos los consejos anteriores, nuestro animal de compañía no avanza en la enseñanza, se recomienda acudir al veterinario para , descartar la presencia de anomalías que dificulten el aprendizaje. En el caso de que todo este correcto, puede ser necesario acudir a un etólogo (veterinario especialista en comportamiento) para que realice un diagnóstico comportamental y marque unas pautas personalizadas.