Enfermedades provocadas por el medio
Si no mantenemos el equilibrio dentro del frágil medio de nuestro acuario podemos tener muchos problemas. Sobre todo si nuestro acuario va más allá de un par de peces y una planta. Cuanta mayor sea la complejidad de nuestro acuario más delicadas de mantener serán las condiciones.
La mayor parte de los peces sufren cuando el pH está por debajo de 5.5 o por encima de 9.0. Filtros sin limpiar, materia orgánica excesiva que se descompone intoxicando el agua, insuficiencia de oxígeno a causa de la densidad de peces o descomposición de materia orgánica por exceso de plantas...
Vigilar el equilibrio es una misión importante si no queremos convertir nuestro acuario en una trampa mortal.
Acidosis: Cuando el filtro se satura y la acidez del agua aumenta, los peces sufren notablemente. Nadan de forma brusca, boquean e intentan salir del acuario. Además de limpiar el filtro, se puede atajar esta acidez con una cucharada de bicarbonato por cada 100 litros de agua.
Alcalosis: Cuando el pH sube de 9 puede surgir este problema, que provoca irritación en las branquias, oscurece la piel y deshilacha las aletas. Hay que regular el pH.
Amoniaco (NH3): Es tremendamente dañino para los peces y les ataca en órganos internos y agallas. A niveles altos puede provocar la muerte. Medir los niveles de amoníaco y efectuar cambios de agua para regularlo.
Asfixia: Se detecta con facilidad cuando los peces buscan aire en la superficie de manera continuada. La falta de oxígeno en el agua se puede deber a un exceso de peces en el acuario y a un desequilibrio con el sistema de aireación. También tiene que ver con la salinidad del agua, el exceso de materia orgánica, y la putrefacción de las plantas. Hay que regular el sistema o reducir el número de peces.
Intoxicación: El cloro o la presencia de otras sustancias tóxicas como plásticos, metales, caucho, jabón, disolventes u otros productos químicos pueden provocar graves problemas a los peces. Desde la decoloración de la piel hasta la destrucción de las branquias, pasando por la natación descoordinada, espasmos o asfixia. Hay que revisar el nivel de cloro en el agua, la presencia de otras sustancias, el nivel de pH adecuado, etc... y efectuar los cambios de agua necesarios.
Cambios de temperatura: Frente a un cambio brusco de la temperatura del agua, los peces se ponen nerviosos y boquean en la superficie. Hay que vigilar cuando cambiamos el agua que esté a la temperatura de la pecera, evitar corrientes de aire o frío excesivo y revisar el calentador de la instalación.
Electricidad: Las instalaciones eléctricas en malas condiciones pueden provocar fugas que den lugar a sales metálicas no deseadas por electrólisis.
Nitritos (NO2): Surgen de la descomposición del amoniaco. También puede conducir a la muerte de los peces, aunque más lentamente. Hay que efectuar cambios de agua o ajustar los filtros.
Nitratos (NO3): Es el resultado de la descomposición de nitritos. Se soluciona igual que el apartado anterior.
Ruidos o golpes: Los sobresaltos no les van nada bien a los peces, que en el mejor de los casos les causa estrés y en el peor la muerte.
Enfermedades derivadas de la mala alimentación
Aunque la alimentación de nuestros peces no es compleja, si descuidamos el equilibrio, nos excedemos o nos quedamos cortos, podemos provocar su deterioro y trastornos en el aparato digestivo.
Estreñimiento: Una alimentación pobre y poco variada puede ser la causa de un estreñimiento que se manifiesta en el abdomen hinchado. Variar la dieta.
Exceso de comida: Los detritos que resultan de la comida no consumida aumentan el nivel de amoníaco, reducen el oxígeno disuelto y fomentan la aparición de algas, entre otras cosas. Hay que evitar la alimentación masiva, y procurar echar justo lo que se puede consumir en unos pocos minutos.
Enfermedades provocadas por virus y bacterias

Las condiciones de higiene son fundamentales para mantener a los peces a salvo del ataque de virus y bacterias.
También hay que vigilar mucho la incorporación de nuevos ejemplares –que estén sanos- y el aislamiento de los que ya estén enfermos o muertos.
Aletas podridas: Los radios de las aletas se deshilachan y puede apreciarse una línea blanquecina recorriendo éstas. Algunas bacterias de tipo aeromona y pseudomona provocan estas lesiones que necrotizan las aletas. Esforzarse en la higiene y aumentar la temperatura del acuario si es necesario.
Columnaris: Se conoce también como hongo de boca, nombre que recibió antes de identificarse la bacteria causante. No siempre se manifiesta externamente. Ataca la cabeza, agallas y aletas. Es muy peligrosa si ataca las branquias.
Hidropesia: Esta enfermedad puede ser causada por bacterias o por virus. Sus síntomas son hinchazón o hundimiento de los ojos, ano sobresaliente y enrojecido, cuerpo hinchado y escamas abiertas. Es difícil de curar.
Lymphocytis: Se extiende desde las aletas por todo el cuerpo y puede confundirse con los hongos. Tiene aspecto de protuberancias blancas y afecta sobre todo a la familia de los Anabántidos. Se recomienda el aislamiento del pez afectado y someter a observación al resto durante dos meses.
Necrosis Hematopéyica infecciosa: El virus Rhabdovirus es el causante de esta enfermedad que provoca letargia y episodios de hiperactividad. Pueden aparecer hemorragias en la base de las aletas, filamentos fecales pendientes del recto o distensión abdominal. Es frecuente en peces de agua fría como en las carpas o el pez rojo y se transmite por contacto directo.
Septisemia: El estrés, las altas temperaturas y la superpoblación de peces pueden favorecer la expansión de esta bacteria llamada Pseudomona fluorescens. Provoca lesiones sanguinolentas y blanquecinas en la piel, más algunos puntos rojos en aletas. Su rapidez impide el tratamiento.
Tuberculosis: Causada por la bacteria Mycobacterium piscium, la única fuente de contagio es el contacto con otros peces afectados. Los síntomas son el adelgazamiento, la palidez, caída de escamas y úlceras, deformaciones en el cuerpo y movimientos lentos. Es mejor deshacerse de los ejemplares afectados.
Viruela de la carpa: Afecta sobre todo a los ciprínidos y se manifiesta en forma de lesiones por el cuerpo y aletas con forma de placa blanca y verrugosa. Lo causa el virus Herpevirus.
Enfermedades provocadas por hongos
Una mala conservación del medio puede deteriorar el cuerpo de los peces, fomentar la presencia de hongos del género saprolegnia o achlya y causar numerosas heridas.
Branquiomicosis: Enfermedad más conocida como ‘podredumbre de las branquias’. Provocada por los hongos Branchiomicosis sanguinis y demigrans, que aparecen en aguas calientes –más de 20 grados-, con algas y abundante materia orgánica. Causa inapetencia, asfixia y afecta a las branquias produciendo zonas necróticas.
Ictiosporidiosis: El hongo Icchthyosporidium hoferi provoca que la piel de los peces tome un aspecto de lija, provoca descamación y úlceras. Causa mucha mortalidad.
Aprolegniasis o saprolegnia: Suele aprovecharse de las heridas y descamaciones para instalarse. Afecta principalmente a piel y branquias y se pueden apreciar excrecencias algodonosas en varios puntos de la herida. Los daños pueden dar pie a todo tipo de infecciones secundarias.
Enfermedades provocadas por parásitos

Pueden aparecer en los acuarios por culpa de una nueva incorporación infectada o a través de algunos alimentos naturales.
Son muy importantes las medidas de higiene, profilaxis y los cuidados que hay que otorgar al acuario para evitar muchas enfermedades.
No sirve de nada matar los agentes patógenos cuando estos pueden producirse por una mala filtración o un escaso mantenimiento de nuestro acuario. Igualmente, no es recomendable abusar de los medicamentos en general, ya que por ejemplo, los antibióticos debilitan a los peces y nos podemos encontrar con peces sanos que contraigan enfermedades al debilitarse.
Parásitos externos
Se trata de microorganismos unicelulares que se instalan en la superficie del cuerpo de los peces.
- Clinostomosis: Más conocida como larva amarilla, es responsable de importantes lesiones en vísceras y musculatura del pez. La piel aparece manchada con pústulas amarillentas o grises, cerca del ojo y de la base de las aletas. El parásito se llama clinostomun marginatum y suele estar presente en los caracoles.
- Costiasis: Se percibe la presencia de este protozoo externo por las manchas grises que se forman en el cuerpo del pez. El Ichthyobodo necatrix provoca picores que obligan al pez a rascarse contra los objetos y le congestiona las branquias.
- Chilodonella: Se presenta en agallas y piel. Se trata igual que la Costiasis.
- Dactilogiritis: El metazoo Dactylogyrus se instala en las branquias y produce mucosas que pueden obturar los opérculos. Los peces se frotan contra objetos del acuario, nadan sin desplazamiento y aparecen manchas de sangre sobre el cuerpo y en la base de las aletas pectorales.
- Ictioftiriasis o Punto Blanco: Es un protozoo –el Cryptocaryon irritans- bastante frecuente que infecta la epidermis, aletas y branquias. Se alimenta de la piel y tejidos del pez hasta su madurez. Entonces se sueltan y dejan una raspadura en la piel del pez. El parásito se enquista luego en el sustrato y puede llegar a producir varios millares de individuos más. Se detecta por los pequeños puntos blancos que parecen caspa de pez. Si crece el cultivo en el animal se forman grupos amarillentos. Existe tratamiento aunque no siempre es efectivo, por lo que en ocasiones es preciso deshacerse de los peces afectados.
- Oodinium: Enfermedad muy corriente en los acuarios marinos. Se conoce como la ‘enfermedad del terciopelo’ por la capa de color blanquecino que aparece en la piel del pez y que está formada por multitud de pequeños parásitos. Causan mucho daño en piel y branquias y pueden provocar asfixias.
- Trichodiniasis: Es un parásito secundario, normalmente, que no se percibe a simple vista pero que provoca adelgazamiento y desplazamientos a la superficie para encontrar aire.
- Vermes: El más común es Benedenia melleni y representa una molestia pasajera que se instala en piel y branquias, aunque es difícil de eliminar.
Parásitos internos
- Acantoéfalos intestinales: Causa la hinchazón del abdomen en peces delgados. Lo provoca el metazoo Pomphorhynchus y Acanthocephalus, que se instala en el intestino y puede llegar a enquistarse en el hígado y otros órganos.
- Plistophorosis: Conocida también como la enfermedad del ‘neón’, provoca desórdenes de movimiento, aislamiento y los peces no afectados no paran de nadar. A nivel de aspecto, pierden color en algunas partes de su cuerpo y en ocasiones sufren deformaciones vertebrales. No hay un tratamiento seguro para este parásito, por lo que conviene separar a los peces enfermos.
- Hexamitosis: Un pez debilitado por el estrés, por ejemplo, puede sufrir un anormal crecimiento de las colonias de este parásito que vive en el intestino de algunas especies. Luego se extienden por todo el cuerpo y provocan adelgazamiento y oscurecimiento de la piel. Se puede mezclar el medicamento con la comida.
Plagas
En ocasiones, nuestro acuario puede verse invadido por ciertas especies, que suelen llegar con la introducción de nuevos elementos en el entorno. Aunque no son una enfermedad, los incluimos aquí por el riesgo que pueden conllevar para nuestros peces.
- Gusanos planarios: Aparecen con más frecuencia cuando el medio se está deteriorando. Son carnívoros y se alimentan de cualquier resto de comida que encuentran, desplazándose por el fondo del acuario. Pueden causar plagas formando colonias con muchos individuos.
- Sanguijuelas: Sería muy raro que aparecieran en un acuario pero, en cualquier caso, se fijan al cuerpo del pez y lo perforan regularmente para extraer sangre. En lo posible, es recomendable extraerlas todas manualmente.
- Hidra: Se trata de un pólipo con tentáculos que se introduce a través de las plantas y que puede matar a los alevines que se acerquen demasiado a él. Se reproduce con rapidez. Algunos peces se alimentan de la hidra.
Problemas de estrés
Los peces también sufren de estrés y además con frecuencia. El estrés lo provocan situaciones de tensión y nervios que acaban debilitando las defensas del pez y poniéndolo a merced de enfermedades y desencadenando situaciones de riesgo que lo pueden conducir a la muerte.
Los traslados de ambiente, las condiciones de vida, la convivencia y los sobresaltos externos pueden provocar estrés.
Las causas más frecuentes son:
- Escasez de espacio vital
- Cambios bruscos en la temperatura del agua o inadecuada para el tipo de pez
- Especies incompatibles conviviendo en el mismo acuario
- Sobrepoblación o tamaño del acuario demasiado pequeño
- Falta de refugios
- Traslados o manipulaciones innecesarias
- Época de reproducción
- Suciedad y falta de higiene
Los peces muestran su estrés de diversas maneras. Algunos de los síntomas perceptibles son:
- Natación dificultosa y desordenada
- Aislamiento e inseguridad
- Dificultades respiratorias
- Deterioro corporal (color, aspecto, heridas)