Si así lo queremos, podemos tener varias ardillas que habiten en un espacio limitado, suficiente para entretenernos con sólo mirar como juegan, saltan y se persiguen.
Por el contrario, podemos tener estos roedores para domesticarlos con el fin de que nos reconozcan y nos acepten de buen grado. Para ello, hemos de tener sólo una ardilla,porque tendrá más necesidad de sus dueños y se entregará más sumisamente a nosotros al no verse rodeada de animales de su misma especie.
Si compramos un ejemplar muy jovencito, tenemos muchas posibilidades de llegar a domesticarlo, acostumbrarlo a nuestra presencia e incluso la posibilidad de meter la mano en la jaula con algo de comida para acariciarle un poco el lomo.
Hablamos de menos de un mes, sin destetar, y que se alimente con biberón. En estos casos, se puede llegar a tener tal grado de complicidad como para que el animal duerma confiado en la mano o en los bolsillos de su dueño.
Sin embargo, siempre tendrá mayor garantía de supervivencia una ardilla con algún mes de vida, sana y fuerte, a la que podremos convencer de nuestra amistad si somos pacientes con ella, si nos mostramos suaves y si le ofrecemos golosinas.
Se puede intentar abrir la jaula y permitir que salga de ella pero con extremo cuidado: sólo en habitaciones pequeñas, muy recogidas, a ser posible sin muebles donde cobijarse. Si no quiere volver por sí misma a la jaula es complicado atraparla. Son más rápidas y más ágiles que nosotros. Además, debemos protegernos con guantes porque si las cogemos mal no dudarán en mordernos para defenderse.