Son mansos por naturaleza y se hacen muy cariñosos si los acostumbramos, sin atemorizarlos ni ponerlos nerviosos. Se acostumbran a las caricias e incluso las buscan. Prefieren no sentarse encima de las personas sino más bien junto a ellas. Podemos incluso cortarles las uñas si no se desgastan suficientemente.
Se limpian y asean ellos solos, como los gatos, por lo que no es necesario bañarlos. Tampoco hace falta cepillarlos,a unque se puede hacer si al dueño y a la mascota les gusta, además suele ir bien porque se vuelven más mansos. Al conejo de Angora, en cambio, se le debe cepillar a diario.
Podemos llegar a domesticarlos fácilmente enseñándoles a hacer algunas cosas: ponerse de pie cuando se lo mandemos, saltar pequeñas vallas, venir cuando le llamemos. Nos sorprenderá la relación que podemos llegar a tener con un conejito bien educado.
El conejo marca su territorio y sus posesiones de dos maneras: con la orina o pasándose las patas delanteras por la barbilla para recoger una sustancia especial de las glándulas que posee en esa zona, y frotarlas luego sobre las hembras o las crías.
Algunos están educados para no orinar o defecar en el suelo, sino que aprenden a llegar hasta la jaula, donde tienen habilitada una caja con arena o viruta. Así se pueden mantener casi libres en una casa, y su jaula permanece limpia siempre.
Se aburren mucho y es indispensable sacarlos de la jaula frecuentemente, acariciarlos y dejarlos hacer mucho ejercicio en el suelo, con la precaución de que no haya dónde esconderse o con qué lastimarse. Sin embargo, tampoco debemos dejarlo suelto sin ningún tipo de supervisión ya que podría dañar los muebles, morder cables o causar cualquier tipo de accidente.
Siempre deben tener algo para roer. Es una ventaja para nuestra mutua convivencia que sus hábitos sean diurnos, a diferencia de otras especies, descansan y duermen por la noche.
Se asustan fácilmente, por lo que hay que cogerlos con cuidado. Si les hacemos daño, se pueden revolver violentamente y acabar dañándose la médula espinal. Una fuerte impresión o un estado de ansiedad pueden provocar un ataque al corazón a estas mascotas.
Una regla de oro es que nunca hay que cogerlos por las orejas, son cartílagos muy delicados que se pueden lastimar gravemente. Tampoco hay que cogerlos por la piel, porque es un tejido muy sensible, y se desprende fácilmente de la capa interna.
Si están muy nerviosos, lo mejor es agarrar la piel del cuello con una mano y sujetar las nalgas (del conejo) con la palma de la otra mano. También hay que tener cuidado con los ojos del amo y las patas del conejo, pues acostumbran a patear con fuerza si se asustan, tratando de escapar.
Para conejos más tranquilos, basta con pasar una mano bajo el pecho poniendo unos dedos entre las patas delanteras, y con la otra mano se le sujeta por detrás como antes. Entonces ya se puede apoyar sobre el pecho del amo. Esto es válido tanto para los adultos como para las crías.