En general estos animales son dóciles, asustadizos y no agresivos. Si no están acostumbrados a ser manejados por personas se estresan y pasan miedo. Por esta razón hay que iniciar la relación de la mejor manera posible.
Los amos se han de acercar a la jaula despacio, hablando con voz suave y con movimientos lentos, y ofreciéndoles golosinas con la mano hasta que la vean inofensiva. Entonces se les puede acariciar y más tarde cogerlos.
Hay que enseñar a los niños a acercarse de igual modo y tener mucho cuidado de que, cuando comiencen a coger a su mascota en brazos, no se les caiga al suelo. La dolorosa experiencia de caer desde casi un metro de altura puede hacer que un inofensivo animalito ya no quiera dejarse tocar y muerda para evitarlo.
A todos los pequeños roedores hay que ponerles algo para mordisquear, existiendo en el mercado diferentes accesorios y golosinas para tal fin.
Hacen ejercicio solos, por lo que no hace falta sacarlos de paseo como a los perros, pero si proporcionarles suficiente espacio y juguetes adecuados para estimularlos a moverse.
Las crías de los roedores suelen jugar. Sus padres no lo necesitan, pero sí necesitan entretenerse. Han evolucionado para dedicar todo el día a buscar alimento, pero los roedores domésticos tienen toda la comida y agua que necesitan en la jaula.
¿Qué hacer entonces con el infinito tiempo libre? Pues se dedican a dormir o a comer, con el problema de la obesidad.
Muchos se vuelven agresivos, adoptan actitudes destructivas o no paran de realizar movimientos repetitivos, (estereotipias), que son un claro indicativo de falta de bienestar.
Por eso es muy importante entretenerlos, rodearlos de estantes, rampas, escaleras, cualquier accesorio para trepar que les divertirá y les permitirá hacer ejercicio. Preferiblemente metal a madera, por temas higiénicos. También es muy bueno jugar con las mascotas varios días por semana, darles de comer en la mano, cepillarlos, etc.