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Gato mordisqueando la mano de su dueña

El comportamiento de los gatos

1. La comunicación no verbal

Entender a tu gato te puede ayudar mucho para poder proporcionarle los mejores cuidados y alimentación posible. Para conseguirlo es necesario que lo observes y sepas interpretar su lenguaje, que principalmente va asociado a la posición y movimiento de sus orejas, ojos, expresión facial y postura corporal.

Puedes entender el comportamiento de los gatos a través de las orejas de ya que indican su estado emocional y nivel de alerta:

  • Cuando están erectas, apuntando hacia arriba, indican que están tranquilos.
  • Si están erectas pero apuntando hacia los lados, significa que están enfadados.
  • Las orejas bajas y hacia los lados, connotan ansiedad y actitud defensiva.
  • Si están completamente bajas y hacia atrás, pueden sentirse molestos o tener miedo.

Como ves, la posición de las orejas te puede dar pistas interesantes, pero para disponer de información más precisa, debes fijarte también en otros aspectos de su cuerpo. Si tu gato, además de tener las orejas completamente bajas y hacia atrás, también muestra las pupilas dilatadas (fenómeno llamado 'midriasis'), debes interpretar que tiene miedo. En cambio, si las pupilas son más pequeñas ('miosis'), mantente alerta, porque esto connota que está enfadado y, en breve te puede atacar.

2. La convivencia con otros gatos

La convivencia entre felinos no acostumbra a ser fácil. Las peleas y riñas entre ellos pueden convertirse en una actividad frecuente, y ser provocadas por diversos motivos.

Los gatos que han sido castrados o que desde pequeños han convivido en familia, toleran mucho más el hecho de compartir su hogar con otras mascotas. Las peleas suelen desembocar en una lucha y demostración de fuerza que se caracteriza por el pelo erizado, los maullidos, los arañazos y los bufidos. Estos son algunos de los motivos:

  • Competencia por el dominio de las hembras.
  • Conflictos territoriales.
  • Confrontación por el acceso a la bebida o comida.
  • Miedo entre ellos.
  • Dolor durante el juego.
  • Conflicto mientras la hembra cría a su camada.
  • Aparición de un nuevo gato en casa.

En algunos casos, es posible probar soluciones fáciles para minimizar estos comportamientos. Por ejemplo, respetar los espacios vitales de cada uno separando sus bebederos y comederos, ubicar sus areneros en distintos lugares y crearles zonas de descanso diferenciadas. Recuerda que los gatos duermen mucho (un 75% del tiempo), por lo que es importante que se sientan tranquilos y seguros en su espacio.

Si aún siguiendo estas pautas la situación no mejora, te recomendamos que acudas a un etólogo, que es un veterinario especializado en la conducta animal.

3. La agresividad en los gatos

Los gatos son increíblemente sensibles, pero tienen muy marcado el sentido del territorio. Los cambios en su entorno físico o social pueden provocarles reacciones extremas que, aunque nos puedan parecer sorprendentes, son del todo normales.

El miedo o la defensa

Si tu gato siente un miedo extremo, puede soplar, dar golpes con las patas y huir. Cuando los gatos defienden su territorio se pueden poner al acecho, emitir un sonido penetrante o aullar, e incluso saltar sobre lo que ellos perciben como un intruso. El miedo y la defensa del territorio pueden provocar que tu gato muerda.

Las causas

El miedo y la defensa son, a menudo, provocados por los sentidos de la vista, el olfato, o los ruidos que emiten los gatos desconocidos en el exterior. Sin embargo, en algunos casos, nunca se llega a identificar el origen real de la agresión.

Es necesario que estés alerta, porque puede ocurrir que tu gato dirija su ataque hacia el “blanco” que tiene más cerca, por ejemplo hacia otro gato con el que comparta la vivienda o incluso hacia ti.

El tratamiento

El primer paso es que lleves a tu gato al veterinario para determinar si existe un problema de carácter médico que cause este comportamiento. Si éste determina que goza de buena salud, te podrá facilitar las pautas adecuadas para hacer frente a estas reacciones.

4. Comportamientos destructores

Es habitual que los comportamientos agresivos se asocien a perros ansiosos o de carácter complicado, pero lo cierto es que los gatos también pueden tener reacciones extremas, llegando incluso a causar destrozos.

Cuando los gatos se afilan las garras, no lo hacen sólo para mantenerlas en buen estado, sino sobre todo para marcar su territorio dejando señales visibles y olfativas. Incluso algunos gatos muerden materiales como el cuero, el cartón o los tejidos.

Para evitar que tu gato arañe cojines, muebles, e incluso las paredes de tu casa con la excusa de afilar sus garras, debes facilitarle una alternativa. Una buena técnica es ofrecerle, por ejemplo, un trozo de tela o alfombra viejas, un tronco de madera de corteza suave, trozos de madera tierna o cuerda de sisal. Prueba a colocárselos en diferentes lugares y posiciones, tanto horizontal como verticalmente.

Hasta que tu gato se incline por su opción preferida, te recomendamos que cubras las zonas delicadas de tu casa con láminas de plástico que no sean rígidas, para protegerlas de posibles arañazos.

La única solución para garantizar que tu gato no muerda o se trague cartón, goma, cables, hilos de coser, u otros objetos que pueden llamarle la atención, es mantenerlos fuera de su alcance.

Y si detectas que el comportamiento destructivo de tu gato no se apacigua con algunas de estas soluciones, te recomendamos que acudas al veterinario para que pueda analizar estas actitudes desde una perspectiva profesional.

5. Los gatos y sus emociones

Las emociones hacen que tu gato sienta el impulso de actuar en respuesta ante una situación, además de definir cómo se siente una vez que ha reaccionado. Por ejemplo, la emoción negativa o adversa del miedo puede llevar a tu gato a defenderse, mientras que las sensaciones positivas que siente cuando lo acaricias puede ayudarlo a ser más sociable.

Las emociones pueden dividirse en positivas o negativas, teniendo escalas ascendientes o descendientes. Es decir, el placer aumenta cuando tu gato se siente satisfecho, hasta llegar a parecer exultante o en éxtasis, mientras que la frustración puede incrementar su rabia o cólera, generándole miedo o pánico. Cuando aparecen estos síntomas, los gatos que sufren problemas de comportamiento se colocan en los extremos de esta escala emocional.

Un estudio reciente ha demostrado que todos los gatos poseen siete sistemas fundamentales básicos que activan su capacidad de reacción, según la información que los sentidos transmiten a su cerebro. Estas “siete maravillas” incluyen un sistema “búsqueda” para encontrar comida, un sistema “miedo” mediante el que responden a los acontecimientos inusuales que les pueden resultar peligrosos, un sistema “juego”, y un sistema “cuidados” con el que educan a sus pequeños y establecen relaciones sociales vitales.

En las personas, las zonas del cerebro humano que han tenido una evolución más reciente, pueden transformar este potencial emocional en emociones más elevadas, como son el amor, la vergüenza, el desprecio, la inquietud, etc.

Aunque los gatos no gocen de esos “sentimientos superiores”, no implica que no puedan desarrollar emociones más simples como el bienestar, la tristeza, la cólera o el miedo, de la misma forma que lo hacemos los humanos.

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