Leishmaniosis en perros

La leishmaniosis en perros es un enfermedad causada por la infección de un perro debida al parásito Leishmania infantum, y por la respuesta que establece el perro frente a esta infección parasitaria. Este parásito se encuentra ampliamente distribuido por toda la cuenca mediterránea, pero necesita que un insecto en particular, que en España se trata del mosquito Phlebotomus perniciosus, pique a un perro infectado y luego a uno sano para que pueda propagarse entre la población. Una vez infectado, el sistema inmunitario del perro detecta la presencia del parásito en sus células de la sangre, y empieza a establecer medidas de ataque para destruirlo. El perro puede hacerlo fabricando anticuerpos, un tipo de proteínas capaz de detectar el parásito, o mediante la formación de células especiales que directamente  engullirán a las células infectadas y al parásito que hay en su interior. El primer sistema, el de los anticuerpos, no consigue eliminar al parásito, de modo que la infección avanza, y el perro sigue y sigue fabricando anticuerpos intentando vencerlo. Paradójicamente, son estos anticuerpos fabricados que no consiguen destruir al parásito, los que causarán gran parte de los problemas que sufrirá el perro. Sin embargo, si el perro consigue organizar un buen ejército de células destructoras, la infección se mantendrá a ralla o incluso llegará a eliminarse.

Esta enfermedad también la pueden padecer las personas. Es una zoonosis. En este hablamos de leishmaniasis. La diferencia está en que los seres humanos sanos utilizan de forma más eficiente el sistema de defensa celular y pueden acabar con la infección rápidamente. Las personas con problemas en su sistema inmunitario, ya sean congénitos, como consecuencia de otras enfermedades debilitantes, o de las medicaciones administradas para otras enfermedades, pueden no tener un sistema de defensa tan efectivo y acabar desarrollando la enfermedad.

Una de las preguntas más frecuentes planteadas a los veterinarios es si la leishmaniosis se contagia de perro a perro. En relación a este aspecto, es importante no olvidar que el contagio directo entre perros, o entre perros y personas es casi imposible, porque el parásito debe pasar una parte de su ciclo vital en el interior del insecto que lo transmite, para experimentar una serie de cambios que le permitan infectar a un nuevo perro o a una persona. De ahí que la lucha contra estos insectos sea una de batallas más importantes en pro de la dispersión de esta enfermedad.

En raras ocasiones, puede producirse el contagio de una madre a un cachorro durante la gestación, y también entre perros debido a transfusiones sanguíneas.

Al tratarse de una enfermedad que depende de unas condiciones climáticas especiales (el insecto que la transmite tiene que completar su ciclo), es difícil encontrarla en áreas muy elevadas o con climas muy fríos. De todos modos, el  aumento de la temperatura global puede favorecer la expansión del área en la que es endémica.

Veterinaria sujetando una pastilla junto a un cachorro

Es probable que los perros originarios de la cuenca mediterránea, al llevar varias generaciones expuestos a esta enfermedad, tengan una tendencia mayor a responder de forma adecuada a la infección que las razas procedentes de otras áreas geográficas. Se calcula que aproximadamente el 70% de los perros de las zonas endémicas han sufrido la infección en algún momento, aunque más de la mitad de éstos no han desarrollado la enfermedad. Sólo un 10-15% de los perros acaban padeciendo la enfermedad, porque su sistema inmunitario opta por el mecanismo de defensa menos apropiado para combatir la infección.

Síntomas de la leishmaniosis en perros

La lucha mediante anticuerpos es la menos efectiva, y es la que causa más problemas y síntomas en los perros infectados y enfermos. Los síntomas más comunes son lesiones en la piel, algunas con una distribución característica alrededor de los ojos o pabellones auriculares, pero pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo. Además, los perros afectados suelen padecer de problemas en los riñones, siendo éstos incapaces de eliminar de forma efectiva ese gran arsenal de anticuerpos generados sin éxito. Por otro lado, estos anticuerpos, cuando se acumulan en los vasos sanguíneos, pueden causar sintomatologías. Una de las más típicas es el sangrado por la nariz. Pero también pueden acumularse en las articulaciones y causarle artritis al perro.

Ante la sospecha de que tu perro padezca leishmaniosis, el veterinario le realizará análisis de sangre para saber si ha tenido contacto con el parásito, y qué tipo de respuesta está generando. Las pruebas (de carácter inmediato), suelen servir para saber si ha habido contacto o no con el parásito, aunque no aportan datos sobre el tipo de respuesta de tu perro. En caso de dar positivo, debe confirmarse mediante el envío de la muestra de sangre de tu perro a un laboratorio de referencia, que medirá el nivel de anticuerpos que hay en la sangre y podrá determinar si ha habido afectación de otros órganos vitales. En algunos casos, se necesitan pruebas más sofisticadas, que indagan el ADN de Leishmania en la médula ósea o ganglios, o la realización de tinciones especiales de biopsias.

Tratamiento de leishmaiosis en perros

Si se confirma la enfermedad, tu perro deberá recibir al menos dos tipos de medicación destinados a combatir la Leishmania, además de los que necesite en caso de afectación de órganos vitales. La primera fase del tratamiento es más intensa y suele durar un mes. Luego se prolonga hasta un mínimo de 6 meses con medicación más suave.

Una vez afectado, tu perro pasará a ser un enfermo crónico, pudiendo llevar una vida normal durante el resto de su vida, aunque siempre con el riesgo de recaída en caso de aparición de otras enfermedades debilitantes.

La mejor forma de prevención de la leishmaniosis en perros es la combinación de dos o más estrategias. La estrategia primordial, es la prevención de las picaduras de los flebótomos mediante el uso de collares, pipetas o sprays con sustancias repelentes de insectos. Otra estrategia, consiste en utilizar una vacuna que intenta orientar la respuesta inmunitaria del perro hacia el uso de células destructoras en lugar de anticuerpos. Se calcula que la vacunación reduce unas 4 veces la posibilidad de sufrir la enfermedad. Pero, como no es una vacuna que asegure una protección del 100%, debe ir siempre asociada al uso de sustancias repelentes. Una estrategia adicional, consiste en administrar 2 o 3 veces al año un medicamento que estimula el sistema de defensa de las células.

Por último, recordar la importancia de las pruebas de diagnóstico rápido que puede hacer el veterinario ante la menor sospecha de esta grave enfermedad. Cuánto antes se diagnostique, mejores serán las respuestas al tratamiento de tu perro.

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