Todo sobre la terapia asistida con perros

La labor que llevan ejerciendo desde hace años los profesionales en terapias asistidas con canes, hace que estos perros se conviertan en una herramienta de apoyo y trabajo imprescindible en ámbitos individuales o grupales que precisan de ayuda física, social, emocional y cognitiva.
terapia asistida con perros
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Como todos sabemos, los perros son excelentes compañeros de vida y disfrute. Su carácter fiel y el amor incondicional que ofrecen a sus propietarios los convierte en seres extraordinarios que llenan de anécdotas nuestro día a día.

Sus beneficios como animales de compañía están más que demostrados pero sus capacidades, cuando son socializados y educados para convertirse en perros de terapia asistida, son muchas y muy valiosas para la sociedad. Está constatado que la interacción entre humanos y perros, además de proporcionar beneficios emocionales en su rol como mascotas, contribuye a mejorar la calidad de vida de muchas personas.

La labor que llevan ejerciendo desde hace años los profesionales en terapias asistidas con canes, hace que estos perros se conviertan en una herramienta de apoyo y trabajo imprescindible en ámbitos individuales o grupales que precisan de ayuda física, social, emocional y cognitiva, permitiendo que las sesiones de terapia asistida con perros puedan tener efectos positivos en domicilios, hospitales, colegios, centros de desarrollo infantil, y residencias para la tercera edad, entre otros.

Los programas de trabajo se adaptan a las necesidades específicas de cada individuo o colectivo, con el fin de obtener los mejores resultados en cada caso. En general, la terapia asistida con perros se centra en generar estímulos positivos a las personas que los necesitan, despertando emociones positivas, facilitando la comunicación, disminuyendo ansiedad y miedos, e incentivando la confianza y el nivel de empatía.

En esta línea, cabe destacar los datos que se desprenden del PrimerInforme sobre Intervenciones Asistidas con Perros en Pediatría, elaborado por el Hospital Sant Joan de Déu, con la colaboración de Purina, en el que se afirma que, tras llevar a cabo una encuesta en la sala de espera del Hospital con la presencia de perros: “El 86,5% de los padres están de acuerdo en que mientras ven cómo su hijo juega con los perros se siente menos angustiado por el motivo de consulta; el 96,5% considera que entran más relajados a su visita médica tras la interacción con los perros, y el 95% coincide en que el estado de ánimo de los menores mejora con los perros”.

Otro ejemplo destacable son las jornadas de lecturaque se están desarrollando en colegios y otras fechas asociadas (Día de Sant Jordi, Feria del Libro), en las que niños de edades comprendidas entre 6 y 10 años, leen en voz alta un cuento ante la presencia de perros de educación asistida. Los resultados obtenidos hasta la fecha demuestran que los niños conciben esta experiencia como algo gratificante y satisfactorio, que se traduce en beneficios relevantes, como una mejor comprensión de los conceptos leídos, y un mayor nivel de implicación, concentración y motivación mientras desarrollan la tarea, promoviendo actitudes de desinhibición, que fomentan de forma indirecta su autoestima (hacer palanca a “Aprender juntos es mejor o video de la noticia”).

Por último, en términos más específicos (e individuales), la terapia con perros de asistencia está orientada a cubrir las necesidades de las personas que padecen algún tipo de discapacidad física o psíquica, y precisan de la ayuda de un perro de estas características para superar las limitaciones de su día a día, tanto en términos funcionales como de apoyo emocional.

En estos casos los perros, tras un proceso largo y selectivo (no todos los perros cumplen las expectativas de aprendizaje, y son muchas las personas que solicitan su ayuda), son asignados a los individuos que lo necesitan para que convivan con ellos, convirtiéndose en sus manos o pies (en personas con movilidad limitada), en sus ojos u oídos (en individuos con problemas visuales o auditivos), en su señal de alarma (previniendo episodios de bajadas de azúcar o ataques epilépticos), e incluso en su freno (en el caso de las conductas estereotipadas de niños autistas con “fugas”).