La influencia de los perros como apoyo emocional

El apoyo emocional que aportan los perros a nuestra vida es incuestionable, y se traduce en el hecho de que cada vez son más los individuos y familias que deciden incorporar un perro en su vida, demandando poder disfrutar con él de la mayor parte de su tiempo.
perros como apoyo emocional
perros como apoyo emocional
perros como apoyo emocional

El apoyo emocional que aportan los perros a nuestra vida es incuestionable, y se traduce en el hecho de que cada vez son más los individuos y familias que deciden incorporar un perro en su vida, demandando poder disfrutar con él de la mayor parte de su tiempo (viajar juntos, ir a la playa, visitar lugares “dog friendly”, realizar ejercicio con ellos, etc).

El rol emocional de los perros trabaja, principalmente, en dos ejes de necesidad: el afecto y el compañerismo. Es cierto que esto también ocurre cuando convivimos con un gato, pero las posibilidades de realizar actividades con un perro son mayores, y eso contribuye a que los dos ejes mencionados adquieran mayor protagonismo en el caso de los perros.

La influencia de los perros como apoyo emocional gana aún más fuerza cuando lo asociamos a personas que están pasando por momentos bajos, o padecen dolencias de índole afectiva. Nos referimos, básicamente, a todos aquellos individuos que en algún momento de su vida padecen episodios o trastornos depresivos, caracterizados por la afectación del estado de ánimo, la presencia de estrés o ansiedad, y la baja autoestima.

En estos periodos, las personas suelen sentirse incomprendidas y débiles, llegando a desarrollar impotencia y frustración frente a la vida, y pudiendo incluso aislarse para no mostrar su vulnerabilidad ante los demás. Y es frente a este cuadro sintomático cuando el apoyo emocional de un perro puede convertirse en una terapia de ayuda física y psíquica importante que, por supuesto, siempre deberá complementarse con la ayuda de profesionales médicos y terapeutas.

La persona con depresión, además de recibir el afecto y el compañerismo de su perro, se sentirá menos aislada y más comprendida, y el simple hecho de poder cuidar a otro ser, fomentará su sensación de utilidad, y podrá ayudar a regular sus hábitos diarios si lo requiere.

Ahora bien, no podemos olvidar que un perro es un animal que necesita de unas rutinas diarias, básicamente paseos para poder realizar sus deposiciones, y cierta interacción y juego, por lo que la persona que padece un cuadro depresivo debe poder garantizar que podrá asumir estas tareas, o derivarlas a alguien que pueda llevarlas a cabo por ella.

La elección del tipo de perro con el que vamos a convivir, es un elemento clave para minimizar este aspecto. Es decir:

  • Si pese a estar pasando por un episodio depresivo, nos vemos capacitados para salir a la calle y disponer de cierta autonomía, un perro de tamaño mediano o grande puede ser la solución perfecta para que pasemos unas horas distraídos y activos. En este supuesto, las razas de perro Labrador o Golden Retriever son las más recomendadas, por su capacidad para fomentar nuestro disfrute, y su sensibilidad innata a la hora de interpretar nuestros estados de ánimo.
  • Pero, si al trastorno que padecemos se suma la ansiedad o la angustia, aconsejamos escoger un perro con un temperamento mucho más tranquilo, sea de raza mini o de tamaño grande. Un Carlino o un Galgo pueden ser dos buenas opciones. A ambas razas les encanta achuchar a sus propietarios desde el confort y la comodidad del hogar.

Otro elemento muy beneficioso que puede ayudar a la recuperación de estas personas radica en el hecho de escoger la adopción como vía de adquisición del perro. En este caso, al beneficio de convivir con un compañero fiel y cariñoso, se suma el efecto de ayudar a que un perro pueda vivir en mejores condiciones, lo que de por sí va a incentivar el nivel de satisfacción de esa persona.

Respecto a la decisión de si es mejor adoptar un cachorro o un perro adulto, es necesario volver a aplicar el sentido común, y analizar los pros y contras de cada opción. La simpatía y belleza innata de los cachorros es incuestionable para fomentar la alegría y la diversión, pero necesitan más cuidados, tiempo y dedicación para aprender. Un perro adulto, en cambio, se adaptará fácilmente a tu ritmo de vida, ofreciéndote el mismo amor y cariño incondicional.

Por último, cabe mencionar que los perros cumplen muchos otros objetivos terapéuticos específicos, dentro del área de asistencia emocional a las personas.
Entre ellos, destacamos:

  1. Mejora de la comunicación verbal y no verbal.
  2. Mejora del lenguaje corporal y de las relaciones interpersonales.
  3. Incremento de la empatía a través de la implicación emocional.
  4. Estímulos y recursos para favorecer la expresión de emociones.
  5. Generación de técnicas para reducir niveles de ansiedad.
  6. Manejo de los tiempos de espera.
  7. Fomento de la flexibilidad y disminución de la rigidez.
  8. Mejora del autocontrol de impulsos.
  9. Aumento de la tolerancia a la frustración.
  10. Mayores niveles de atención y concentración en ámbitos educativos.