Burmés

Burmés

El burmés es un gato de tamaño mediano, con la cabeza redondeada y un cuerpo elegante y bien musculado. La raza no es tan grande y fuerte como el británico de pelo corto ni tan elegante y delicada como el siamés. Los ojos son grandes y brillantes y pueden tener cualquier matiz de amarillo, que con frecuencia parece variar en función del tipo de luz. La cola es recta y termina en una punta de pincel redondeada. El pelaje, fino, corto y brillante, es característico del burmés y cae ceñido al cuerpo. El gato burmés puede presentar 10 colores, pero en todos ellos el vientre del gato será más claro que su lomo, y cada pelo será progresivamente más oscuro a medida que se aproxima a la punta.

Burmés
  • Pelo: Corto
  • Aseo: Menos de una vez a la semana
Burmés
  • Ruidoso: Alto
  • Actividad: Alto

Origen

Un gato marrón oscuro, de forma parecida a la del siamés, fue llevado por primera vez a California desde el Lejano Oriente en la década de 1930. Como no había ningún otro burmés en América en aquella época, se cruzó a "Wong Mau" con un siamés de marcas distales color marrón oscuro. A través de una reproducción selectiva, surgió una nueva raza de pelaje oscuro a la que conocemos como burmesa en la actualidad. Los burmeses fueron reconocidos como raza primero en Norteamérica y luego llegaron a Europa en la década de 1940. Desde entonces, los programas de reproducción han desarrollado una gama de colores de pelaje.

País de Origen

Birmania

Personalidad

El burmés es una criatura muy amistosa y cariñosa, que necesita la atención del ser humano para ser feliz. Es una raza es muy exigente, que seguirá a sus dueños por toda la causa solicitando su atención (¡incluso puede trepar por las piernas de su dueño implorando ser cogido y acariciado!). Son gatos muy vocalizadores, que suelen saludar a sus dueños cuando vuelven a casa o pedirles lo que quieren y participar en todas las actividades. Fiel a sus dueños, a veces recibe el nombre de "gato perro" porque a muchos les encanta jugar a recoger cosas. Son muy inteligentes y pueden resolver problemas como el de abrir las puertas, por lo que con frecuencia son grandes escapistas.

Salud

Los gatos burmeses tienen una salud bastante fuerte, aunque algunas líneas de la raza parecen ser propensas a la diabetes mellitus. Ocasionalmente, puede percibirse polimiopatía hipopotasémica (debilidad muscular debida a bajos niveles de potasio en sangre) en gatos burmeses jóvenes. Algunos gatos burmeses han desarrollado un raro trastorno denominado síndrome de dolor orofacial felino. Este trastorno provoca movimientos exagerados de lamido y masticación, así como llevarse la pata a la boca, pudiendo resultar muy doloroso para el gato. En los EE. UU. hubo un problema de deformidad de la cabeza y el cerebro, pero no hay constancia de nada similar en el Reino Unido. Algunas líneas de burmés tienen también hábitos de alimentación inusuales, que les inducen a comer prendas de lana y otros objetos no comestibles (fenómeno que se conoce como geofagia).

Información Adicional

Los burmeses poseen una gran personalidad y existen informes de que, en ocasiones, pueden mostrarse muy territoriales con los demás gatos del vecindario.

Nutrición

Cada gato es único y tiene sus particulares filias, fobias y necesidades en lo que a alimentación se refiere. No obstante, los gatos son carnívoros y cada gato debe obtener de su comida 41 nutrientes concretos diferentes. La proporción de estos nutrientes variará dependiendo de la edad, del estilo de vida y de la salud en general, por lo que cabe esperar que un enérgico gatito que todavía está creciendo necesite un equilibrio de nutrientes diferente al de un gato mayor menos activo. Es necesario prestar atención a la cantidad de alimento necesaria para mantener 'un estado físico ideal' de acuerdo con las pautas de alimentación y atendiendo a las preferencias individuales con respecto al tipo de comida (húmeda o seca).

Aseo

Los gatos burmeses no requieren un excesivo aseo, ya que son capaces de cuidar de sí mismos, pero agradecerán la atención que implica el cepillado. Como todos los gatos, los burmeses necesitan vacunación para protegerse de las enfermedades, así como un control antiparasitario periódico y chequeos veterinarios anuales.

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Qué tener en cuenta después

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